Tal como había adelantado, os ofrezco el contenido de la conferencia que ofrecí el pasado 29 de noviembre en la Acadèmia de les Ciencies Mèdiques:

Justificación

En estos momentos sociales de crisis profunda en muchas dimensiones es necesario, más que nunca, que cada uno sepa en qué lugar está. Tenemos la oportunidad de analizar el recorrido que hemos seguido para llegar hasta aquí y promover los cambios necesarios para seguir adelante de otra manera.

Desde nuestro lugar profesional y como ciudadanos debemos tener bien definido cuál es nuestro papel y jugarlo bien. Es responsabilidad de todos el compromiso social y personal, en definitiva humano.

No se trata de hacer hoy un acto reivindicativo, pero la realidad con la que tenemos que trabajar diariamente todos los profesionales de la salud nos lleva irremediablemente a tener en cuenta esto.

La Psicología

La psicología es una disciplina que aporta herramientas y recursos para que el individuo pueda vivir en un estado emocional de equilibrio interno que le facilita el crecimiento, la maduración personal y la relación con el entorno en el que vive: familiar, social, académico , laboral… Y precisamente por eso podemos desarrollar el conocimiento de la psicología en diferentes ámbitos (clínico, escolar, laboral …) yo me centraré más en el ámbito clínico.

Cuando la persona tiene un equilibrio interno entre la parte emocional y física, y se mantiene en un equilibrio con el entorno hablamos de salud.

El psicólogo

Los psicólogos, como en tantas otras profesiones, tenemos diferentes puntales donde fundamentar un buen ejercicio profesional, y son:

  • Formación académica inicial en la Universidad.
  • Formación continuada, en la mayoría de los casos, que nos permite ir actualizando nuestros conocimientos y profundizando en diversos campos según los intereses personales y las tareas que desarrollamos profesionalmente.
  • Trabajo personal, un tratamiento, que nos permite conocernos y poder diferenciar cuáles son nuestras estructuras, nuestros recursos, nuestras carencias, de modo que a la hora de abordar una ayuda a otras personas no entramos en confusión entre nuestra situación y la del paciente. El tiempo de duración de estos tratamientos puede ir de los 2 a los 15 años aproximadamente. Los psicoanalistas son los que más tiempo dedican.
  • También, según la corriente teórica en la que trabajamos, solemos tener espacios de supervisión, individual y de grupo, donde revisamos exhaustivamente nuestro trabajo, tanto a nivel técnico como personal.

Como en muchas otras profesiones las corrientes teóricas son diversas, el estudio de la mente humana se puede apreciar desde diferentes vértices. Pero a pesar de las diferencias todas tienen unos elementos comunes:

  • Estudia los procesos de formación de la mente, como estructura, las capacidades, las carencias, los mecanismos de defensa, los recursos.
  • Estudia las maneras de intervenir cuando se considera necesario.

Unos darán más peso a las causas, otros a los efectos, etc. y todo ello da un amplio abanico de abordajes, de técnicas. De hecho muchas veces quieren dar a unas técnicas la categoría de teorías, quizá para dar más entidad, cuando de hecho lo que hacen es generar confusión, pero éste sería otro tema.

Pese haya profesionales que ponen mucho acento en las diferencias para erigirse en portadores del saber. A mí me gustaría hacer hincapié en las partes que compartimos con el fin de aprovechar lo positivo que cada teoría o técnica aporta porque al final hay un punto convergente, hacer la vida más fácil, más plena y mejor al ser humano.

Cuando alguien necesita el apoyo de un profesional para salir adelante será necesario que busque cómo se siente más ayudado dentro del abanico de posibilidades que hay. Seguro que no a todo el mundo le sirve la misma metodología.

La función del psicólogo

Los psicólogos siempre trabajamos con personas que están en crisis. La función del psicólogo será poner en marcha un proceso que permita recuperar el equilibrio emocional. Este proceso constará de:

  1. Diagnóstico: estudiar la estructuración de la personalidad, las capacidades, los recursos, las carencias. Identificar qué pasa y por qué pasa.
  2. Orientación: plantear las alternativas posibles para hacer frente a la situación analizada.
  3. Realización de la orientación terapéutica: tratamiento, seguimiento… Dependiendo de la situación que debemos abordar será de vital importancia que está implicado (niños, padres, maestros, médicos, abuelos, canguros, pareja, familia …) y por tanto el trabajo deberá contemplar cómo organizar este trabajo.

El tiempo que las personas pueden necesitar este acompañamiento psicológico siempre es incierto. A pesar de que la experiencia nos ayuda a hacer un cierto pronóstico a veces tenemos sorpresas tanto en positivo como en negativo. Hay muchos elementos determinantes en este proceso, y la plasticidad de todos ellos se va viendo en la medida que avanza el trabajo.

Las personas somos muy complejas, que no necesariamente complicadas, es necesario que en situaciones de crisis o situaciones críticas seamos capaces de hacer valoraciones interdisciplinares. Es necesario que los profesionales que tenemos como campo de trabajo las personas no nos sentimos en competencia sino en espíritu de colaboración en pro de la salud integral.

Cuando los médicos se encuentran ante pacientes que presentan señales de una alta implicación emocional en el proceso que sufren, necesitan disponer de recursos que también utilizamos los psicólogos: empatía, análisis de las situaciones para poder discriminar cuándo otro tipo de intervención. El curso pasado hablábamos extensamente de esto, de cómo derivar un enfermo a una consulta psicológica. Hay que ser cuidadoso, los consejos ya les dan los amigos o la familia.

Está demostrado que el trabajo interdisciplinar ayuda a una mejor comprensión de la situación y por tanto la recuperación de la salud está más garantizada. Estamos hablando de personas.

Esto se hace más necesario cuando nos encontramos con pacientes que padecen enfermedades somáticas con repercusiones psicológicas y en personas con alteraciones psicológicas que tienen manifestaciones somáticas.

v.g. Hipocondríacos que llenan los ambulatorios.
v.g. Abuelos que necesitan compañía que van al cabecera.

¿Qué es patología?

Tal como decía antes hay muchas corrientes teóricas y no siempre coincidentes en lo que se califica de patología y lo que no. La razón es simple, la salud y la enfermedad se mueven en una línea continua y en diferentes parámetros. Lo que en una situación puede ser considerado adecuado en otro no.

v.g. Un enfermo mental grave, dentro del campo de la psicosis, utiliza mecanismos obsesivos, defensas obsesivas, que le permiten mantener una vida más o menos adaptada, funcionar en el entorno social con sus rituales que la organizan. Tienden a hacer las cosas siempre de la misma manera, en el mismo orden, sin demasiados cambios, con relaciones sociales escasas y no especialmente intimas. Esto lo consideramos adecuado, sin este recurso quedaría inmerso en un estado de confusión que incrementaría su sufrimiento emocional y no podría disfrutar de muchas cosas.

Que pasa si una persona con una estructura más neurótica utiliza estos mecanismos obsesivos?, Entonces lo consideramos más patológico. Porque? Pues porque sabemos que esa persona dispone de otros mecanismos, otros recursos y defensas que bien estimulados le permitirían otro tipo de funcionamiento que no le bloquearía tanto algunos aspectos de su vida.

Algunos profesionales se dedican a hacer estudios exhaustivos para definir las patologías, crear categorías que nos permitan clasificar a la gente, esto nos permite hablar con un lenguaje común, nos ayuda. Pero ¿qué pasa cuando de ello hacemos bandera y acabamos perdiendo de vista los aspectos diferenciales de cada persona? Casi nunca hay una clasificación que nos permita definir una persona, siempre hay matices que cada profesional deberá contemplar para ajustar bien el trabajo que se quiere hacer.

En general cuanto más vamos profundizando en el trabajo con las personas más capaces somos de ver estos matices.

Las cosas no son blancas o negras, nos movemos en los grises. Aquí es donde la formación y la experiencia tienen un valor incalculable a la hora de hacer valoraciones y tomar decisiones que son trascendentes para las personas que vienen a buscar una orientación para recuperar su equilibrio físico y emocional.

¿Qué hacemos los psicólogos?

La población va teniendo conciencia de la trascendencia que tiene en la persona la esfera mental, las emociones, la interrelación de todas las dimensiones humanas, pero eso no quiere decir que cualquiera pueda atribuirse la capacidad de hacer un estudio, una valoración y la aplicación de técnicas psicológicas. Ni que el sentido común nos aporte información para tener una opinión ante una situación, no debemos confundir opinión con profesión.

Muchas veces se piensa que el psicólogo después de escuchar al paciente y hacer su valoración el que da es un consejo, y eso no se corresponde con la realidad. Quizás desde el modelo médico donde el médico si da unas pautas para orientar al enfermo se extrapola, pero los psicólogos no damos consejos. Lo que pretendemos es estimular las capacidades, los recursos, para que sea el propio paciente quien vaya encontrando su manera de enfrentar las dificultades. Ni que ocasionalmente damos una pauta esta no es nuestra tarea. Fundamentar la ayuda en las pautas muchas veces lo único que fomenta es una dependencia inadecuada. Las técnicas conductistas son de las más directivas.

Cuando una persona se presenta a la consulta muestra los aspectos en el que se siente más impotente, no sabe que hacer, pero íntimamente tiene la esperanza de que se puede hacer algo, éste será el motor del cambio. Habitualmente cuando uno se ha sentido desbordado por la situación, las emociones se desbordan, ha fallado la capacidad de contención, es como si la presa que aguanta el agua tuviera una rendija inundando la capacidad de pensar, anulando la posibilidad de razonar. La primera función que asume el psicólogo es la de contener todo el malestar y poco a poco crear el espacio mental para que las aguas se calmen. Esto permite ir recuperando la capacidad de contener, de soportar el malestar e ir utilizando las otras capacidades tan racionales como emocionales para ver la salida del túnel.

Cuando las personas han tenido, en algún momento, la experiencia emocional de vivir una crisis y superarla, pueden utilizarla como referente interno y esto aumentará su capacidad de contener, de aguantar el malestar, de pensar que todavía que a veces no vemos la salida, si logramos soportar aquel mar de dudas, si mantenemos la esperanza, al final lo encontraremos.

Las crisis

Las crisis forman parte del crecimiento humano, durante la vida en pasamos muchas de crisis y son necesarias. En términos generales podríamos entender por crisis un momento de cambio propiciado por la propia evolución o por el entorno. Recursos que en otros momentos han sido eficaces dejan de servir y se debe generar nuevos, esfuerzo para adaptarnos a una nueva situación. Esto conlleva un grado de sufrimiento mental que dependiendo de la estructura de personalidad será más fácilmente soportable o menos. Y también dependiendo de la envergadura de la crisis será más manejable o menos.

Cualquier ser humano en crisis necesita de una estructura básica interna y externa que le permita manejarse en el malestar para reorganizar su funcionamiento.

v.g. Un niño necesitará del apoyo de los padres para abordar sus etapas de crecimiento, donde él no es o no se siente capaz de hacer frente a la dificultad contará con la estructura externa que le proporcionan los padres para salir adelante. Irá desarrollando estrategias para hacer frente a nuevas etapas de crisis. De modo que en la adolescencia, etapa de crisis por excelencia por el alcance que tiene, deberá utilizar las estrategias que ha ido adquiriendo para seguir. Exactamente igual en la edad adulta contamos con las propias estrategias y el apoyo del entorno (familia, amigos, etc).

Cuando no es viable con los recursos que uno tiene, internos y externos, al alcance, entonces entran en juego las ayudas de los profesionales.

En estos momentos, de crisis profunda, hay más que nunca que definimos bien cuáles son las estructuras, las carencias, los recursos porque de aquí se derivará la posible salida adelante. No una huida hacia adelante sino una reorganización que nos permita crecer y madurar en equilibrio personal y social. Las situaciones que la gente está viviendo hace realmente difícil mantener esta esperanza y la impotencia se apodera un poco de todos.

Sabemos que la crisis incrementa el sufrimiento. Al igual que en el espacio personal la contención que hace el psicólogo permite ir haciendo frente a la impotencia y ver el final del túnel, a nivel social será el grupo (cooperativas, asociaciones …) que podrá dar esta contención y ayudará a la sociedad a salir adelante colectivamente, una sociedad que está enfermando. De hecho esto no es nuevo, pero sigue siendo válido.

Me atrevería a decir que los peores males de nuestra sociedad son la mentira y la perversión. La mentira porque intenta hacer creer lo que no es y la perversión, más sofisticada todavía, porque pretende convertir en buena una cosa que no lo es.

El trabajo cotidiano que nos pone en contacto permanente con eso requiere un gran esfuerzo para todos los profesionales. Es necesario que trabajemos con una ética que vaya poniendo las cosas en su sitio.

En una época en la que parece que todo vale tenemos una difícil tarea para aportar un poco de sentido común y de servicio a la comunidad.

No se trata de criminalizar a nadie, todos necesitamos trabajo para vivir, las instituciones muchas veces ponen una presión importante a los trabajadores difícil de soportar, pero hay que mantener la capacidad que tenemos de hacer frente a la vida y entre todos es más posible salir de este agujero en el que estamos.

Se necesitan buenos gestores en las instituciones para no fomentar estas situaciones, pero hay también la posición personal de cada profesional para no colaborar en estas mentiras y perversiones que al final nos perjudican a todos.

Hay muchos estudiosos de la sociología, de la política… que van haciendo sus aportaciones allí donde pueden para dar luz al que estamos padeciendo. Hay crisis de valores, de principios, pérdida de derechos fundamentales, el derecho a la enseñanza, la salud… ¿hasta dónde llegaremos?

Mientras preparaba la ponencia me planteaban muchos interrogantes:

  • ¿Qué pasa cuando no se derivan pacientes al servicio de psicología y psiquiatría porque están colapsados y tardarán en atender su demanda? ¿Es lícito ocultar al paciente lo que necesita, amparados en una situación coyuntural, que desenfoca absolutamente el problema?
  • ¿Qué pasa cuando a un paciente del servicio público de psiquiatría y psicología se le dice que allí se atienden todas las situaciones y se le da el alta, cuando en realidad lo que ocurre es que no se atiende a pesar de su situación no encaja en los perfiles que se atienden?
  • ¿Y si además los profesionales no dan esa información y tampoco pueden orientar al servicio privado? ¿En qué situación se deja a la gente que necesita orientación?
  • ¿Qué ocurre cuando un médico le dice a un paciente en su consulta que no es necesario que vaya al psicólogo, que no le servirá de nada? ¿Se puede permitir que una persona que está investida de saber por el enfermo se cargue impunemente una ciencia? Es su opinión pero ¿es el lugar de manifestarla?
  • Está demostrado que cuando se hace una prescripción de un fármaco, a pacientes de psiquiatría y psicología, acompañado de una psicoterapia, la evolución es más rápida y mejor. ¿Por qué se siguen prescribiendo fármacos sin el apoyo de la psicoterapia?

Podríamos encontrar tantos ejemplos que no acabaríamos. ¿Nos tenemos que quedar quietos?

Para terminar quisiera hacer una reflexión en torno a la psicología.

Me resulta curioso que por un lado la gente se atribuye valor a sí misma cuando dice “yo también hago de psicólogo”, lo escucho muchas veces y en situaciones muy diversas. Vendría a ser una forma de decir “mira que listo que soy, puedo hacer este trabajo y sin estudios específicos” y por el otro lado escucho una des-acreditación importante a la labor que desarrollamos “yo no creo” (como si fuera una cuestión de fe), “no sirve de nada”, “no curan”…

Con todos mis respetos, creo que todavía hay mucha ignorancia sobre la tarea que desarrollamos, quizás ahí es donde se necesitan esfuerzos para ubicar la psicología en el lugar que le corresponde, ni somos gurús, ni hacemos magia, ni somos ineptos que no servimos por nada, ni charlatanes que engatusan. Nuestra tarea está fundamentada en serios estudios y años de formación académica y personal. Hemos demostrado, por quien lo ha querido leer o escuchar, que tiene sentido, que el ser humano es la integración de la mente y el cuerpo, en interrelación con su entorno formando una unidad que es nuestro objeto de estudio. Y el saber que nos otorga esta observación nos permite buscar alternativas en situaciones que lo requieren. Como ciencia está en permanente desarrollo y es necesario que vayamos incorporando el nuevo saber de nuestra y de otras disciplinas que nos ayudan a tener una mirada atenta y abierta.

Es necesario que valoramos lo que tenemos, y en este sentido dar las gracias a los compañeros que organizan espacios como este que nos permiten encontrarnos para poder hacer frente común a tanto desbarajuste, espacios que nos ayudan a seguir creando buenas condiciones para desarrollar nuestra labor profesional.

Marga Pérez y Herms
Psicóloga y Psicoterapeuta

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