Haré una reflexión sobre una parte del trabajo en la consulta. De cómo detectar aspectos psicológicos que pueden enmascarar un diagnóstico médico y dificultar el proceso de curación del enfermo. Y de cómo canalizar estas demandas cuando tienen suficiente relevancia como para ser atendidas específicamente.

1. Consideraciones generales

1.1. La persona es un todo indisoluble: física-mental

En nuestras consultas (médicas, psicológicas…) atendemos a personas que se dirigen a nosotros haciendo una demanda de ayuda como clínicos que somos. Personas que tienen una estructura física y mental compleja. Esta estructura es un todo indisoluble en permanente interrelación, intercomunicación. Podemos estudiar parcelas, aspectos de la persona, pero a la hora de hacer un diagnóstico debemos tener una perspectiva global, integrada, un vértice que nos permita ver, en la medida de lo posible, su complejidad.

1.2. Cada profesional tiene su área de estudio

Dependiendo de la formación teórica y práctica de cada uno, centraremos nuestro estudio en aspectos concretos y en ocasiones necesitaremos de otros profesionales que nos aporten su mirada, para poder evaluar la situación que estudiamos.

A menudo nuestros pacientes hacen demandas adecuadas. v.g. Si se rompen una pierna van al traumatólogo. Pero a veces se dan situaciones donde el malestar es más generalizado, o más confuso, o abarca más facetas, entonces tenemos que disponer de elementos que nos faciliten la diferenciación de los campos que se deberían estudiar para un buen diagnóstico y asumir los que nos corresponden y orientar al paciente a los profesionales que deben colaborar en la tarea que tenemos por delante.

1.3. La somatización

Un concepto clave es la somatización. Básicamente entendemos por somatización la vía que la mente encuentra para expresar un malestar emocional a través del cuerpo. No es un mecanismo consciente ni sujeto a la voluntad. Lo debemos entender como un síntoma, una señal.

Un hecho o un pensamiento pueden desencadenar un cierto malestar. El sentido común nos diría que la respuesta lógica es buscar una manera de restablecer el equilibrio, pero a veces no estamos receptivos a nuestra vulnerabilidad y obviamos ese malestar. Si persiste tanto el foco del malestar como nuestra actitud de ignorarlo la mente busca la manera de dar esta señal de forma más contundente incrementando el nivel de malestar. Habitualmente las primeras señales no son una patología clínica, pueden ser alteraciones de la comida, el sueño…. pero en la medida que lo seguimos ignorando se va intensificando hasta el punto de poder desarrollar una enfermedad.

v.g. Hoy en día ya es claro para todos que una preocupación importante se puede traducir en dolor de cabeza. La cabeza nos duele, sabemos que el motivo es una discusión, un problema laboral… y no lo podemos evitar. Podemos utilizar medicamentos para disminuir el dolor, pero debemos hallar la solución al origen del problema o la forma de soportar el malestar sin enfermar.

Seguramente la pregunta es “¿porque obviamos el malestar o las primeras señales?”, Probablemente porque hemos sobre valorado nuestra capacidad de enfrentarnos a esa situación, o porque nos sentimos con pocos recursos mentales para hacerle frente. Es muy habitual en las primeras sesiones de psicoterapia aceptar que una situación nos ha desbordado, hay personas que por su estructura de personalidad tienden a minimizar el impacto emocional de las situaciones que viven. A menudo dicen “si siempre lo he hecho así”, o “eso no era tan importante”. En definitiva las defensas que les ha impedido tomar conciencia de todo aquello.

Dependen de la situación habrá que valorar qué priorizamos en cuanto a estudio clínico, pero debemos diferenciar priorizar de obviar. Tan inadecuado es el médico que obvia la patología mental como el psicólogo que obvia la patología física.

1.4. Continuum entre salud y enfermedad

Históricamente se ha pensado que la frontera entre la salud y la enfermedad era muy evidente.
Es posible que en ciertas disciplinas esto es así pero no en todas.

v.g. Un tumor está o no.

El grado de malestar a veces da idea de patología y a veces de salud.

v.g. Una persona a la que se le diagnostica una enfermedad grave lo más sano es que se preocupe, el hecho de que no lo haga nos deberá llevar a la reflexión de si está distorsionando la realidad, sobre todo por lo que implica en los cuidados que necesita. En la medida que uno toma conciencia de enfermedad tiene más posibilidades de cuidarse.

2. Recogida de datos

2.1. Qué nos dicen y como nos lo dicen

Es un momento fundamental, dependiendo del tipo de escucha que hacemos abriremos o cerraremos posibilidades. Debemos escuchar qué nos dicen y como nos lo dicen. En la medida que ponemos atención iremos delimitando el objeto de estudio, que es nuestro paciente: un miembro, la familia, la relación entre ellos…

vg: En una consulta pediátrica, una madre expone su preocupación porque un niño pequeño no come. No es lo mismo:

  • El niño está apático, pierde peso, no goza de la comida, le gustan pocas cosas…
  • Cada hora de comer me pongo nerviosa, ya no se como hacerlo para que coma, este niño acabará conmigo, dele unas vitaminas, al final se pondrá enfermo…

Es normal que una madre sufra ante la inapetencia de un hijo, pero es importante ver dónde está la preocupación, si en el estado de salud física del hijo, en las causas psicológicas que se vinculan en la inapetencia, en la inquietud de la madre ante la impotencia que siente…

El abordaje podría ser ayudar a que ella vea donde centra su preocupación, valorar la salud física del niño y según el resultado reubicar a la madre en el sentido de que ella misma vea cuál es su motivo de preocupación y si se corresponde con la realidad. A partir de aquí pensar en qué parte puede asumir el médico y cuál no.

Hay que mencionar importante en la mirada. La posibilidad de mirar a la cara o a los ojos del que hablamos da señal de si buscamos o no una comunicación transparente. A menudo cuando una persona está en una situación de sufrimiento tiene dificultades para establecer una mirada conectada con el otro, tan pronto puede adoptar una mirada esquiva como una mirada que te traspasa o te pide auxilio. En última instancia es un elemento a valorar para ver qué tipo de comunicación establecido.

2.2. Quién escucha

Debemos tener en cuenta también que escucha, es decir el médico, enfermera… quien sea que está atendiendo ese caso. Si la situación que nos presentan nos afecta de alguna manera.

v.g. Siguiendo el ejemplo de la madre con un niño que no come: si el médico es una persona inapetente o tiene un hijo inapetente es probable que la escucha sea diferente. Una persona inapetente que ha soportado el malestar de la madre reaccionará con más rabia, impotencia contra la madre que tiene delante. Una persona con un hijo inapetente se sentirá más solidaria de esa madre.

Este es un tema complejo y en principio no es el tema de la charla pero es importante tenerlo en cuenta. A veces nuestra propia experiencia nos ayuda en nuestra profesión, pero a veces nos juega malas pasadas y nos dificulta un buen abordaje.

2.3. Lo normal

Otro punto importante es aclarar terminología subjetiva, especialmente la palabra “normal”.

¿Hasta qué edad se hizo pipi al niño? Lo normal.
¿Más o menos recuerda? Si hasta los 9 años, como muchos de la familia.

Los niños a partir de los 2 años, como edad habitual, controlan los esfínteres.

2.4. Identificación del paciente.

En fin, poco a poco, a partir de la presentación que se hace en la demanda tenemos que ir identificando:

  • El objeto de estudio: quién será el paciente
  • El campo de estudio: especialidad médica, psicólogo,…

Tendremos que ir haciendo las preguntas pertinentes para delimitarlo.

3. Señales de alarma

3.1. Imposibilidad de centrar el objeto de estudio

En el momento de tomar los datos necesarios para identificar el objeto de estudio, nos encontramos con personas que van ampliando el abanico de sintomatología cada vez que parece que hemos llegado al punto neurálgico. Nos conduciendo por un tortuoso camino que no nos lleva a ningún sitio. A pesar de los intentos de centrar el tema no es posible. Ciertamente esto no debe confundirse con personas que tienen situaciones físicas con complicaciones o múltiples enfermedades que podrían explicar la complejidad de los síntomas.

v.g. Siguiendo el ejemplo de la madre y el niño se va pasando de uno al otro, o de otros hijos sin posibilidad de diferenciar de qué estamos hablando.

3.2. Repetición del síntoma

Si recuperamos la idea que antes comentaba en cuanto a la somatización podemos ampliarlo refiriéndonos a la repetición del síntoma.

Todos hemos dicho “este es el punto débil” refiriéndonos a una parte del cuerpo que enferma de forma reiterada en determinadas circunstancias. Representaria el camino que ha encontrado el malestar emocional como señal de alerta cuando algo no va bien dentro de nosotros.

No se trata de hacer recetas infalibles, no dudo que hay situaciones que pueden entenderse desde otro vértice pero a menudo tener este punto de vista ahorra malestar, analíticas o pruebas más complicadas y fundamentalmente no se alarga abordar de manera adecuada esa patología.

v.g. Taquicardias, dolores de cabeza, o incluso catarros, alergias… que siempre coinciden con situaciones de estrés de la persona en cuestión.

3.3. Concordancia entre patología y reacción emocional

El hecho de que ante una enfermedad física aparezca una preocupación entra dentro de lo normal y esperable, pero debemos poner especial atención cuando observamos que hay una desproporción entre la enfermedad y la reacción emocional.

v.g. Para una dieta hacer una depresión.

3.4. Evolución de la enfermedad

Cuando se ha logrado identificar la situación a tratar y se empiezan a hacer recomendaciones o pruebas, en lugar de ver cómo reduce la ansiedad inicial se va incrementando. Es una señal para avisar que no se ha llegado a entender la situación, es decir, no se ha llegado a ver que no se ha abordado el sufrimiento emocional.

O bien, a pesar de la ansiedad inicial hacia la enfermedad, no se han podido seguir las pautas clínicas marcadas. Es un elemento más a valorar.

v.g. Personas que vienen muy angustiadas y que son capaces de seguir las indicaciones y empeoran o no alivian su malestar.

4. Cúando y cómo derivar al psicólogo

Una vez hemos llegado a la conclusión de que una parte del abordaje de ese caso deberá hacer un psicólogo para dar una solución integral, hay que tener cuidado de cómo se plantea.

4.1. Acompañamiento emocional

Cuando una persona va al médico a exponer su sufrimiento emocional es evidente que no tiene demasiado presente que no ha acudido al lugar adecuado, por lo tanto hay que ir haciendo una aproximación a su malestar por no convertir la derivación en una agresión.

En ocasiones hacer esta recomendación sin el acompañamiento necesario, aparte de ser vivido como una agresión, dificulta la toma de conciencia. Sobre todo, y no es extraño, cuando va acompañado de comentarios despectivos del tipo: “esto es psicológico” … como si fuera “cuento”.

A veces este camino es corto y a veces no tanto, cuando vemos que una persona tiene serias dificultades para acercarse hay que vayamos dando pinceladas, ir dejando caer que quizá hay más elementos que están implicados como: “quizás esto le preocupa mucho y al final ya no sabe que pensar “, tal vez usted mismo se da cuenta de que no dormir, no comer, no sacárselo de la cabeza es exagerado”.

vg. Personas con ansiedad: es tan fácil como explicar que la sintomatología física puede remitir, en parte, con medicación pero cuando se da el caso, indica que la persona tiene alguna forma de abordar la vida que le lleva a la ansiedad y por tanto una revisión a nivel psicológico le facilitará buscar otras alternativas para utilizar mejores mecanismos que le permitirán otras estrategias mejores que disminuirán la ansiedad.

4.2. Generar espacio mental para plantear otro abordaje

De lo que se trata es de crear un espacio mental que permita tomar una mínima distancia y poder calibrar más elementos a la hora de definir “qué pasa”. A menudo ante una dificultad del estilo que sea tomamos un camino, una única vía, una única dirección, afortunadamente en la mayoría de circunstancias hay más de un camino, hay más de una posibilidad. Ayudar a crear esta nueva dimensión permite una flexibilidad necesaria para hacer frente a situaciones multifactoriales.

El hecho de hablar en condicional, el preceder las afirmaciones del “quizás” permite:

  • Ir calibrando la reacción a la sugerencia
  • Ir creando este espacio mental

Incluso si tenemos previsto hacer unas pruebas para valorar el estado físico se puede esperar a tener los resultados para poder acompañar la idea de qué parte se puede asumir y qué sería mejor otro especialista.

v.g. Quizás además de la enfermedad estás sufriendo mucho y no te deja recuperarte más fácilmente…. quizás podríamos pensar en algún otro tipo de apoyo, de ayuda, para aliviar el malestar, para evitar recaídas…

4.3. Abordar nuestro campo terapéutico

Lo que nunca es aconsejable es hacer recomendaciones que escapan de nuestra competencia porque entonces somos nosotros los que entramos en el terreno de la confusión. Muchas veces se dan pautas que en lugar de ayudar a tomar conciencia nos alejan y se estimula al enfermo a hacer consultas en el lugar equivocado. Muchas consultas médicas están llenas de hipocondríacos (personas que permanentemente se sienten enfermas físicamente y que tienen miedo de enfermar) que no pueden mejorar porque realmente no les atento.

4.4. Situaciones habituales de sufrimiento emocional

En general podríamos decir que hay situaciones que implícitamente conllevan un sufrimiento emocional extra y que son más susceptibles de acompañamiento:

  • Enfermedades crónicas
  • De larga evolución
  • Terminales
  • Situaciones de duelo, que a menudo acaban con la etiqueta de depresión y se medicalizan innecesariamente.

Generan de por si un sufrimiento considerable, esto no quiere decir que todo el mundo necesite el apoyo de un psicólogo, hay personas con muy buenos recursos para enfrentarse al sufrimiento, pero a veces no es así y un buen acompañamiento emocional hace la vida mejor y la enfermedad más soportable, aunque no cure la enfermedad puede ayudar a que no sea el catalizador por el que pasa toda la vida, impidiendo disfrutar de otros aspectos sanos, buenos y necesarios.

4.5. Ideas generales sobre los trabajos terapéuticos con los psicólogos

El trabajo del psicólogo: ayudar a generar un espacio y tiempo mental que permita una mirada diferente. No todo el mundo sabe cómo funciona el abordaje psicológico y eso hace que no se contemple esta salida como una medida eficaz y necesaria.

Brevemente diré que el proceso habitual es:

  • Proceso diagnóstico y resultados: entrevistas y test (si es necesario) para determinar el estado emocional y la entrevista de resultados donde se habla de ello y se hace una indicación terapéutica cuando es necesario. Pueden ser unas 4 o 5.
  • Encuadre del tratamiento. En caso de que sea necesario, se habla de cómo se llevará a cabo este abordaje.
  • La duración de los tratamientos no siempre es fácil de determinar, pero en la medida que se hace el trabajo si que se ve qué evolución tiene y por tanto el mismo paciente en vano haciendo una valoración conjuntamente con el terapeuta.

Reflexión final

Como punto final cabe mencionar la necesidad de un trabajo de cooperación entre los profesionales que atienden a un mismo paciente para poder conseguir lo que inicialmente decía, tener una visión integrada de la persona para un mejor diagnóstico y un mejor abordaje terapéutico que en definitiva revierte positivamente sobre la salud mental y física del paciente y la familia

 

Marga Pérez i Herms
Psicóloga y Psicoterapeuta

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Categorías: Charlas

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