Hombre contempla el paisaje desde las faldas del EverestEs bastante habitual que a final de una etapa aparezca la necesidad de hacer balance, es decir, que pensemos donde estábamos, dónde estamos y sobre todo hacia dónde vamos.

Los acontecimientos que marcan un cambio de etapa son varios: la edad (especialmente con los cambios de década), el trabajo, el cambio de estado civil, una muerte cercana, y en general cualquier hecho que tenga cierta relevancia en nuestra vida.

Pero los dos periodos más frecuentes en los que acostumbramos a hacerlo son: vacaciones y a finales de año.

La manera de realizar este balance dependerá, en gran medida, de la personalidad de cada uno. Unos valoran más lo positivo, otros lo negativo … otros no saben por donde empezar… En general, como consecuencia de este balance, suelen formularse nuevos propósitos. Los propósitos son la punta del iceberg de un proyecto, las maneras concretas de cómo llevaremos a cabo el proyecto que representa nuestro camino a seguir, nuestra meta.

Cuando una persona tiene dificultad para elaborar su proyecto de vida se siente perdido, desorientado, y eso en determinadas ocasiones se puede traducir en ansiedad. Una manera de realizar un proyecto sería:

  • Con tranquilidad, poder valorar proyectos pasados. Cuales funcionaron y cuáles no, y analizar, en la medida de lo posible, que nos acercó al éxito y qué lo dificultó.
  • Tomarse el tiempo necesario para averiguar nuevos intereses, analizando las motivaciones que nos mueven hacia el cambio.
  • Tendremos que valorar las capacidades de las que disponemos, nuestras habilidades, y en general los recursos que tenemos para poner en marcha el nuevo proyecto, valorando los pros y contras que se nos ocurran.
  • Revisaremos nuestras prioridades para valorar la concordancia de todo.
  • Tendremos en cuenta si es un proyecto personal o necesitamos implicar a otras personas.
  • Intentaremos ponernos en situación para poder prever como nos sentiremos en el cambio y qué proceso tendremos que seguir hasta llegar a nuestra meta.
  • Buscaremos la energía suficiente en nuestro interior para iniciar este nuevo camino.

Los propósitos que somos capaces de cumplir son aquellos que provienen de la elaboración de una situación y que responden a nuestro esfuerzo mental previo, aunque a veces no somos plenamente conscientes de él. Los que son fruto de un arrebato en raras ocasiones los conseguimos. Pero tienen su valor, servirán para empezar a elaborar una situación y tomar conciencia de alguna necesidad o deseo del que hasta entonces no teníamos conciencia.

Marga Pérez i Herms
Psicóloga y Psicoterapeuta

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