riureParece que la resistencia a envejecer nos acompaña casi toda la vida. Y digo “casi” porque hay una época en que el deseo de ser mayor, como posibilidad de salir con los amigos y alejarnos de la mirada de los padres disfrutando de la libertad, es potente.
Al margen de esta etapa, es frecuente vivir el crecimiento como un pesar. De pequeños nos “venden” que tenemos que asumir responsabilidades y aprendizajes de manera pesada. Es rara la familia, escuela, sociedad, que lo transmite como un acontecimiento mágico y feliz, que lo es. Por alguna razón desafortunada se minimiza el goce y se enfatiza la carga.
Pero nos crecemos, si o si, y podemos transformar emocionalmente esta experiencia de crecimiento, pasar unos años disfrutando del esfuerzo realizado.
risasHacia los 25 años aparece la idea que hasta aquel momento las capacidades iban incrementándose, habíamos hecho un ascenso hacia la plenitud, pero de golpe, sin ningún tipo de posibilidad de decidir, empezamos un camino de bajada inexorable. Nuevamente la mirada parcial sobre la realidad humana puede atormentar. No dudo que físicamente nuestro cuerpo a partir de los 25 años inicie un proceso de bajada, ¿quién soy yo para llevar la contraria?. Pero el ser humano es mucho más que un físico, nuestras dimensiones humanas: emocional y espiritual, siguen un camino ascendente toda la vida. Pero es muy difícil ir a contracorriente porque es el físico el que se premia, un buen físico facilita la vida: para encontrar un trabajo, una pareja, aceptación y popularidad en los grupos y amigos…sé que no es así pero está tan arraigado!!
images¿Te suenan aquellas malditas frases?, las que hacen referencia al reloj biológico, aquellas frases culinarias – “se te pasa el arroz”- van minando nuestra autoestima de manera implacable. Si a la mala fe popular le añadimos los elementos perversos que nos deslumbran con el elixir de la eterna juventud, con los bisturís afilados que quieren esconder el paso del tiempo a nuestras carnes, no nos debe sorprender que algunas personas no soporten la presión y entren en bucles infernales que son más devastadores que celebrar aniversarios. Todos vamos justots de recursos para hacer duelos, o ¿quizás no tanto?, quizás en una sociedad que medicalitza la tristeza, ¿al final nos hacen creer que no tenemos? Quizás como que todo tiene que ir rápido ¿no nos damos el margen necesario para hacerlos?
Si además eres una mujer, esto hace que se multiplique la presión social en favor de una belleza juvenil, que nos tiene que proporcionar una supuesta felicidad.
Evidentemente estos condicionantes externos no favorecen mucho el hecho de poder convivir con placidez y alegría nuestro transito por la vida con todo el que implica.
pensatiuLa sabiduría que vamos adquiriendo, los recursos para canalizar mejor nuestros deseos, iras y carencias, la manera de optimizar nuestras posibilidades, y en definitiva todas aquellas cosas que sólo se pueden aprender con el paso del tiempo. Y también las arrugas, la flaccidesa, ir perdiendo la memoria, …

La complejidad humana hace que a lo largo de la vida tengamos que combinar procesos de duelo, por las pérdidas, con procesos de empoderamiento, por los potenciales a desarrollar. Por ejemplo: un niño de 3 años tiene que hacer el duelo por la pérdida de unos padres que ya no le hacen todo cómo cuando era un bebé, pero puede valorar su capacidad de desplazarse solo. Otro ejemplo: a 60 años ya no se tiene la flexibilidad de los 20 años y hay que adecuar las actividades físicas a la nueva realidad, pero se puede mirar adelante con serenidad, conociendo como avanzar por un camino incierto.
Quizás nuestra cultura está poco dispuesta a realizar duelos y pone todas las resistencias imaginables, nos empuja en esta dirección con tanta fuerza que cuando alguien dice: “a mí no me duele hacer años” siempre hay alguien que responde que en el fondo esto es mentira. Sobre todo cuando aparece el fantasma de la muerte al final del camino. La muerte es una realidad muy silenciada, pero que siempre se presenta.
images1Yo me pregunto: si hay tanta dificultad al aceptar el proceso natural de la vida, ¿como tenemos que aceptar el final del camino, la muerte? Parece una tarea imposible por quien se mueve en los parámetros de la juventud eterna.
Desgraciadamente el sufrimiento que comporta ir en contra de este proceso natural de envejecimiento, acaba generando un contrasentido irresoluble. Vivir más años, pero sufriendo porque nos vamos tirando viejos., e incluso negando esta realidad poniendo al límite la salud mental.
A pesar de que la convivencia con el dolor, con el “si no fuera por…”, tiene su parte difícil, no lo negaré, tenemos en nuestras manos poner el énfasis en la vida, en los potenciales, en los aprendizajes, aceptando las carencias y declive de algunos aspectos de nuestra esencia humana.

Marga Pérez i Herms
Psicóloga y Psicoterapeuta

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