Panic buttonYa hace unos cuantos años que vamos escuchando el término “síndrome post-vacacional”. Dar nombre a algo no quiere decir que sea algo nuevo, está bien generar conceptos, simplemente se trata de dar forma a algo que todos hemos sufrido en mayor o menor grado y desde tiempos inmemoriales.

La idea de síndrome representa un conjunto de características, de síntomas, que acontecen sin que ello signifique una enfermedad clínica, a pesar del malestar. Básicamente lo que notamos puede ser: malestar general, insomnio, irritabilidad, sensación de cansancio, aspectos depresivos… es decir, alteraciones de nuestro carácter y nuestros hábitos que nos dificultan vivir con tranquilidad.

Podemos atribuir esto a un proceso de adaptación al cambio, en este caso el cambio sería pasar del tiempo de vacaciones al tiempo de trabajo. De hecho cuando se acercan las vacaciones también experimentamos reacciones de este estilo pero habitualmente no lo vivimos como un problema porque deseamos las vacaciones, en cambio cuando se trata de volver al trabajo puede aparecer un cierto sufrimiento. Si hiciéramos un símil económico sería una valoración entre ganancias y pérdidas de la situación en la que estamos y en la que estaremos y obviamente cuando sufrimos el síndrome post-vacacional lo vivimos como una pérdida.

En ocasiones ante situaciones que nos generan estrés, como podría ser esta, pueden darse manifestaciones somáticas como las que antes mencionaba, representan el dolor mental expresado a través del cuerpo, como dolor físico.

Como en cualquier situación estresante cada cual busca los recursos que pueden aliviar su malestar y tendremos que diferenciar entre los recomendables y los que no lo son. Diríamos que tabaco, café, tranquilizantes, alcohol… formarían parte de los no recomendables. Los recomendables pueden ser muy diversos, hay quien disfruta con la familia y los amigos o compañeros rememorando las vivencias veraniegas y otros que prefieren pasar página y concentrarse nuevamente en el trabajo, en cualquier caso se trata de proporcionarnos situaciones que nos ayuden a disminuir el malestar, no pretender activarnos de golpe, no intentar recuperar el ritmo que llevábamos antes de vacaciones rápidamente, lo podemos hacer poco a poco. Aunque los horarios laborales sean los mismos y las tareas a realizar importantes, fuera de estos horarios podemos ir disfrutando aún del buen tiempo, de la luz y no renunciar repentinamente al relax.

De hecho no todo el mundo sufre cuando vuelve al trabajo, hay personas que lo desean. Dependiendo de la satisfacción que nos aporte nuestro trabajo en general costará más o menos. Dependiendo de la relación con los compañeros, si los hay, también condicionará este estado de ánimo.

Diría que con la rutina mantenemos una relación de amor-odio. Por un lado la rutina nos puede resultar muy pesada, sobre todo si no nos gusta lo que hacemos cotidianamente, pero por otra parte los cambios nos suponen un esfuerzo de adaptación, de hecho la gente que cambia permanentemente también sufre un desgaste, y entonces la rutina se agradece. Por lo tanto yo diría que todos los extremos son malos y que a pesar de estos esfuerzos que representan los cambios al final merece la pena tener un trabajo y tener vacaciones, estas diferencias nos permiten valorar y mostrar diferentes aspectos nuestros que nos enriquecen y que hacen de nuestra vida un compendio de experiencias que nos estructuran.

Empecemos pues la nueva temporada de trabajo con expectativas renovadas y cuando vuelvan las vacaciones ya las disfrutaremos de nuevo.

Marga Pérez i Herms
Psicóloga y Psicoterapeuta

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Categorías: Estados de animo

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