Alrededor de los 2 años, dependiendo de la maduración del niño, se puede ir pensando en estimular el control de los esfinteres, pronto podrá ir al orinal a para hacer pipi y caca. Es todo un acontecimiento el conseguirlo, pero a veces llevar su tiempo, de hecho por eso se acostumbra a hacer alrededor del verano, para evitar resfriados y lavar ropa sin cesar.

El control de los esfinteres representa un capacidad de autocontrol del niño y soportar cierta frustración. Ya no vale “quiero esto y lo hago”, se tiene que poder esperar y aguantar un poco hasta llegar al orinal. Hasta que no vemos que esta actitud la tiene en otros momentos cotidianos (cuando nos pide un juguete, cuando nos pide atención, cuando nos pide comer…) es uno poco arriesgado iniciar el aprendizaje, le podríamos pedir algo para lo que no está preparado. Cuando a un niño le pedimos algo que no puede hacer madurativamente lo ponemos en una situación demasiado complicada porque no la puede resolver, mejor esperar un poco. Del mismo modo retrasar la posibilidad de incorporar un aprendizaje porque no lo vemos capaz cuando si que lo es, no estimula la maduración y lo deja demasiado dependiente.

Primero nos tenemos que asegurar que el niño te un nivel suficiente de lenguaje para entender lo que le queremos explicar. Se tendrá que familiarizar con el orinal, ir sin pañales a ratos durante el día al principio, tomar conciencia de que su cuerpo elimina el pipi y la caca y que esto se tira aunque le despierte mucha curiosidad.

Nuestra actitut tiene que ser paciente y alentadora. La idea es transmitir que inicia un aprendizaje, que estamos dispuestos a invertir tiempo y esfuerzo para acompañarlo y que cuando lo consiga todos estaremos contentos. Merece la pena rehuir de las frases: “si no lo haces me enfadaré”, “eres un niño pequeño que no aprende”, “eres un marrano”… y tantas otros que le devuelven una imagen de si mismo de fracaso, de incompetencia, de frustración. No se trata de que crezca sin una mala cara, pero inicialmente no se bueno que tomemos una actitut hostil sin haber dado el margen necesario para un aprendizaje que tiene su dificultad.

Hay niños que lo toman con ilusión y ponen el esfuerzo necesario, lo controlan sin mucho malestar pero otros tienen más dificultad y entonces es más pesado por todos.

De hecho es un aprendizaje más y su actitud no será demasiado diferente del resto de los aprendizajes y esto lo tenemos que tener en cuenta, sobre todo para no ponernos más inquietos de lo necesario. Cómo en la mayoría de las cosas, un punto de equilibrio sería el adecuado, ni demasiado hostiles ni demasiado relajados. Explicarle que esperamos que haga, animarlo cuando lo consigue y ser comprensivo cuando no lo consigue pero estimulando positivamente un nuevo intento.

En ocasiones los niños, y dependiendo del estilo de educación de los padres, utilizan los aprendizajes como moneda de cambio, es decir, “si estoy contento contigo hago el que me pides y sino no lo hago”. Entrar en estas dinámicas no es nada recomendable, no se trata de que nos haga el favor de hacer el pipi o la caca en el orinal, es un aprendizaje necesario para él, pero esto, de momento, no lo sabe.

El control de la caca siempre es más fácil, el esfuerzo corporal que implica ayuda a que tomen conciencia más rápidamente de su necesidad y por otro lado tienen tiempo de llegar al orinal (que vale la pena tenerlo cerca al principio), en cambio el control del pipi siempre cuesta algo más, todo va más rápido y necesita ejercitar este control.
Cómo decía inicialmente es un aprendizaje que requiere su tiempo y vale la pena encontrar el momento propicio del niño y también de los adultos que se harán cargo por el esfuerzo que representa ser paciente y lavar tanta ropa como haga falta. Es recomendable una vez se ha iniciado seguir constantes en el intento hasta conseguirlo. La falta de constancia de los adultos estimula la falta de constancia en el pequeño. Empezáis por unos ratos y poco a poco hacerlo extensivo a todo el día, finalmente la noche. Reducir la ingesta de líquidos antes de acostarse para facilitar la contención es bueno pero dentro de unos límites, no tenemos que hacer sufrir al niño con horas de abstinencia, cuando están preparados aguantan toda la noche.

En ocasiones la falta de control responde a dificultad de contención emocional, entonces necesitaremos otro tipo de abordaje y merece la pena buscar orientación profesional. En general unos meses serán suficientes para conseguirlo, ni que de vez en cuando haya un “accidente” que habitualmente tiene su explicación.

¡Buena suerte y adelante!

Marga Pérez i Herms
Psicóloga y Psicoterapeuta

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