La vida es un largo camino en el cual vamos transitando por etapas que nos requieren el desarrollo de habilidades, recursos, defensas…instrumentos que nos acompañarán hasta la siguiente etapa.
avia-amb-netesCuando llegamos a la “mitad de la vida”, normalmente, nuestros padres se enfrentan a su etapa final. Aquellos que durante años fueron nuestro confort, ahora precisan de nuestro calor y atención para vivir dignamente su ultima etapa.
Afrontar este acompañamiento no es sencillo, se ponen en juego muchos factores: nuestra disposición emocional a cuidar de ellos, nuestra vida cotidiana organizada en función de nuestras necesidades, la de nuestros hijos si tenemos, el tipo de trabajo que hacemos, y un largo etc.
Ir generando un espacio mental y físico para la atención de nuestros padres, pondrá en evidencia nuestro vínculo con ellos, la posibilidad de intercambiar las funciones pasando de cuidados a cuidadores en algunos aspectos, las afinidades, las discrepancias, los conflictos no resueltos,…
A pesar de que algunos dicen que los abuelos son como niños pequeños, tenemos que poder hacer lecturas más cuidadosas de la realidad. Dependiendo de las situaciones y las enfermedades, quizás tendremos que ir asumiendo decisiones por ellos, será necesario tener en cuenta, dentro de lo posible, sus criterios de vida, como muestra de amor y respeto, pero no son niños pequeños, son adultos que requieren ayuda. No se trata de un sacrificio permanente sino de un equilibrio entre las necesidades y las posibilidades reales de todos juntos, esto comportará renuncias por ambas partes y no siempre es fácil. Un buen asesoramiento médico nos facilitará la previsión en lo referente a la evolución, nos ayudará a anticipar situaciones y poder pensar con más calma las posibilidades que tenemos por delante.
Cuando este cuidado lo podemos compartir con otros hermanos puede ser más sencillo tanto por el tiempo de dedicación como por diferentes puntos de vista al tomar decisiones, pero también comportará consensuar las maneras personales de afrontar estos cuidados, teniendo en cuenta el vínculo de cada hijo con los padres y los vínculos fraternos, que no siempre lo facilitan. Si los padres han creado una familia capaz de contener el malestar y las relaciones permiten mantener un buen nivel de diálogo, irá fluyendo. Si las relaciones no lo permiten, el sufrimiento será elevado, los hijos sentirán que no atienden a los padres y los padres no se sentirán atendidos por los hijos.
Cómo en otras situaciones de la vida, que seguramente hemos vivido, en momentos difíciles las actitudes de cada uno se intensifican. A veces entre hermanos se pretende encontrar fórmulas igualitarias, todo el mundo tiene que colaborar por igual. Las familias nunca son igualitarias, siempre es más realista que cada cual asuma lo que pueda teniendo en cuenta los vínculos, lo importante es que queden las necesidades cubiertas, quienes proporcionen el bienestar es menos relevante.
Cuando una persona sin hermanos tiene que hacer frente a esta situación, también será un reflejo de su vida, tendrá que seguir gestionando el malestar rodeándose de amigos, pareja, instituciones, que hagan más viable la etapa.
mare-i-fillaContemplar el deterioro progresivo de unos seres queridos nunca es fácil, nos confronta profundamente con la realidad de que la muerte forma parte de la vida, a pesar de que nuestra cultura no lo estimula mucho.
Ante las vicisitudes acostumbramos a poner más peso en los aspectos negativos que en los positivos, aquello del “vaso medio lleno o medio vacío”. Si podemos afrontar esta etapa, poniendo en valor todo aquello que nuestros padres nos han regalado, empezando por la vida, el legado inmenso que ya forma parte de nuestra esencia y aceptando los aspectos que no siempre nos han gustado, pero que también estan ahí, probablemente podremos encontrar maneras concretas de cuidar de ellos hasta el final, esto nos confortará profundamente cuando suya presencia se desvanezca transformandose en nuestro interior y reencontrandonos con ellos en nuestro pensamiento. Seguirán siendo unas figuras de referencia con las que vivimos conciliados.
Cuando nuestras relaciones humanas son así de confortables nuestra vida es mejor y más sana

Marga Pérez i Herms
Psicóloga y Psicoterapeuta

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